Un domingo después de comer me puse a hacer zapping y, dada la calidad de la oferta, me quedé viendo Mary Poppins, en un ataque de nostalgia por esos numeritos tan divertidos de deshollinadores y zorros.
Aunque ya tenÃa muy claro lo pernicioso que resulta para nuestro subconciente que haya sido Mr. Disney quien nos haya enseñado quiénes son los buenos y los malos, no me habÃa dado cuenta de que la primera (y para muchas personas, única) referencia al movimiento histórico sufragista es la señora Banks.
La primera aparición de este maltratado personaje, nada más empezar la peli, nos muestra a la señora Banks volviendo exultante de un mitin y acción callejera violenta, cantando una esperanzadora canción a favor del voto para las mujeres.
Muy divertido, pero, ¡ay!, en seguida Mr. Disney & co. le lanzan la peor sanción social que se puede concebir: ¡Mala madre! Mientras ella luchaba en la calle para lograr alguno de los derechos formales de los que gozan los varones, su hijito y su hijita se han perdido en el parque. ¿Y el padre de las criaturas? Seguramente tomando pintas en el bar.
La conciencia igualitaria y lucha reivindicativa de la señora Banks se desvanecen ante tal acusación, hasta el punto de que rápidamente pide a las criadas que guarden sus panfletos sufragistas ya que “al señor Banks no le gustan mis ideas polÃticas.” Desde aquà (minuto 4 del film, aproximadamente) hasta el final, apenas dice nada más que unos cuantos “SÃ, cariño.” Happy end en el que, gracias a Mary, esos pobres niños desatentdidos disfrutan de la compañÃa de su padre volando la cometa. La señora Banks ha contribuido a la felicidad familiar ofreciendo una de sus pancartas sufragistas para hacer una cola a la cometa.
¿Se puede ser más explÃcito?